Madrid
Actualizado:

Guardar

Una foto de Macarena Gómez en su Instagram, con la nariz cubierta con unos apósitos, y acompañada del mensaje «Vale, tenía dudas, pero LO HE HECHO, después de mucho tiempo meditándolo, me he lanzado y …me he agrandado la nariz», ha revolucionado esta semana las redes sociales. Se daba a entender que la actriz se había sometido a una intervención de estética para multiplicar sus sensaciones olfativas, y esto despertó cierta sorpresa en el sector de la estética. «¿Se ha sometido a una operación para oler mejor los perfumes? Eso no se ha visto nunca, ni tiene sentido», comentaba el cirujano Franco Góngora. Y estaba en lo cierto.

Detrás estaba una campaña de marketing, orquestrada por la Academia del Perfume, para crear algo disruptivo en su gala virtual de la entrega de sus premios anuales: la película «Smell Film», protagonizada por la mujer de Aldo Comas, y con una nariz agrandada con prótesis de caracterización para captar la atención hacia la sensorialidad y poder de evocación del perfume. Una vez descubierto el pastel, la anécdota abre el debate acerca de hasta dónde están dispuestas a llegar algunas personas «por exigencias del guión»… o de la vida.

Desde Clínica Menorca arrancan diciendo que, en el caso de que el deseo de transformación de la nariz de Gómez hubiese sido real, habría sido absurdo recurrir a la cirugía teniendo en cuenta que hay mejores opciones como inyectar ácido hialurónico, que es reversible, y tiene una duración determinada. «Por profesionalidad una cirugía de este tipo no se debe practicar. Han de tener siempre un criterio quirúrgico, tomar en cuenta el deber deontológico de la medicina y no realizar ninguna prestación médica que dañe la imagen o salud (física o mental)».

El doctor Jorge Planas narra el caso de un chico con una nariz perfecta, preciosa, que acudió a su consulta para que se la afeara, para no parecerse a su padre, al que odiaba. «Estos pacientes que buscan remedio en la cirugía y no en el psiquiatra, no los tratamos», asegura este especialista. El cirujano Franco Góngora sí ha tenido que agrandar alguna nariz, «pero ha sido en pacientes con el apéndice dañado por un accidente o consumido por la cocaína», aclara. El doctor Pedro Arquero, sin embargo, ha tenido alguna experiencia muy positiva con agrandamientos como el de un policía nacional, que medía casi dos metros y tenía una nariz mínima y chata, «y al agrandársela, se le alegró hasta la mirada», cuenta.

Pero las solicitudes peculiares van mucho más allá de nuestras narices. Este mismo cirujano cuenta que una mujer le suplicó que le colocara unas prótesis de 600 gramos en cada seno porque su pareja era actor porno y quería estar al mismo nivel de protuberancias que sus partners en las películas. El doctor Jorge Planas recuerda el caso de una joven que le pidió una talla 105 de mamas y a los dos meses volvió para sacárselas, porque se las había puesto simplemente para aparecer en una portada de «Playboy».

En esta línea el Doctor José Maria Ricart asegura que son innumerables los casos de mujeres que solicitan prótesis desmesuradas respecto a la anchura del tórax, «y por encima del deseo de la paciente, debe prevalecer el rigor médico». Para alcanzar una meta deportiva también se pueden cometer locuras estéticas. El doctor Planas no olvida a una chica joven que acudió a verle porque iba a correr un maratón, y se quiso amputar los dos senos por completo, para mejorar la marca.

Los requisitos físicos para obtener un puesto de trabajo también llevan a algunas personas a plantearse medidas extremas. «En una ocasión un aspirante a Mozo de Escuadra que necesitaba dos centímetros de más para entrar en el Cuerpo, me preguntó si podía colocarle unas prótesis entre el cráneo y el cerebro, como las que le había colocado en el pecho a su mujer, y si se las quitaría después de pasar el examen», explica Planas. Deseos al borde del delirio.

Ver los
comentarios

Source link