El confinamiento nos dejó metidos en casa y con las peluquerías cerradas. Se despertó, entonces, una extraña fiebre por el grooming: si uno podía hacérslo todo en casa y además no había reuniones sociales donde lamentar el resultado, era el momento perfecto para experimentar. Allí empezó un ciclo capilar que llega hasta hoy y podría extenderse durante este otoño incierto.

1. DECOLÓRESE

Las peluquerías estaban cerradas, las droguerías seguían abiertas, y no había gran cosa que fotografiar en Instagram. Cuando empezó el confinamiento, J Balvin ya había lucido una docena de colores de pelo, pero ni siquiera el más atinado de los analistas pudo vaticinar el tsunami de decolorados y tintes atrevidos que vendría en primavera. Y que no cesa.

2. RECÓRTESE

Resulta paradójico que la pandemia haya dado a algunos hombres ese aire de novicio que se le queda a uno al rasurarse la barba, sobre todo si la ha llevado durante años. Así han solucionado muchos barbudos el calor y los picores que les producen sus mascarillas, aunque como en todo existe un punto medio. Es el momento de las barbas cortas tipo David Beckham.

3. DEGRÁDESE

Hace 15 años había que llevarse una foto de Daddy Yankee a la peluquería para pedir un corte degradado… y obviar la mirada de desdén que los barberos más tradicionales dedicaban al rey del reguetón. Conocido en inglés como fade (bajo, medio o alto), hoy el romance que la moda vive con el hip hop ha consagrado este peinado incluso en los salones más ortodoxos.

4. PÉINESE

En una época que ha roto el tabú del maquillaje para hombre, ha encumbrado las pegatinas para uñas y nos ha llenado los bolsillos de gel hidroalcohólico, solo el peine se mantiene intacto en el neceser masculino. La casa británica Kent lleva fabricándolos desde 1777 y acaba de sacar un peine plegable junto a la firma española Alguien. Una preciosidad.

5. PRESUMA

El implante de pelo es el último armario de la masculinidad, y su proceso no es fácil de disimular. Basta ya. Si ha dado ese paso, encomiéndese a Jude Law, recite la letanía de guapos, famosos y poderosos que han recorrido ese mismo camino y zanje la indiscreción de los amigos con aquella fina respuesta de Juan Gabriel: “Lo que se ve no se pregunta”.

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